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Sin plástico, el mar es el mejor destino
  • Junio 7-1

Sin plástico, el mar es el mejor destino

Con la convicción de que cada basura que recoge es una menos que llega al mar, en los recorridos por Vélez (Santander), su pueblo, Ana Judith Galeano puede guardar en su bolso más residuos que sus propias cosas.

Mi mamá hace cuadros con tapas de plástico, y collares y pulseras con las latas; es amante de los animales y quiere crear una fundación para protegerlos”, cuenta Jenifer Ardila, su hija de 23 años, mientras ambas se alistan para su primera clase de buceo en Islas del Rosario en Cartagena, de frente al parque nacional que salvaguarda los corales.

Ninguna ha visto las profundidades del mundo marino. Ni siquiera saben nadar. Nerviosas, tienen la expectativa del que intuye que un poco de riesgo le llevará a una experiencia especial. Madre e hija están acompañadas por ocho personas que, como ellas, ganaron el concurso de cinco viajes dobles que se sortearon en la página SoyECOlombiano.com, dentro de la campaña ReemBÓLSAle al planeta, del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) y del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, en inglés). (Lea también: ¿Qué peces viven en el fondo del mar Caribe?)

A mediados de abril, con esta campaña el país comenzó su primera gran cruzada para hacer un uso más racional de las bolsas plásticas. Se expidió una norma que ordena cuatro cambios fundamentales relacionados con este material: se usarán solo bolsas con medidas superiores a 30 x 30 cm, del calibre suficiente para soportar la carga especificada y que incluyan un mensaje orientado al uso racional; por último, los almacenes de cadena deberán a presentarles a los consumidores alternativas de otros materiales, como tela o fibras tradicionales.

De 12.000 colombianos inscritos al concurso, los cinco seleccionados por sorteo demostraron con fotografías cómo reciclan el plástico y utilizan otros medios al hacer sus compras o reutilizan las bolsas de plástico, material que tiene en crisis a ríos y mares. En menos de 30 años el océano tendrá más plástico que peces, y hoy el 60 % de todas las especies marinas aloja en su intestino ese material.

Fondo de corales

La regla número uno del buceo es no dejar de respirar en ningún momento.A 10 metros de la superficie, con un tanque en la espalda y la boquilla entre los labios, premisa fundamental para adaptarse a las nuevas condiciones de un ambiente sin oxígeno.

Se necesita concentración para controlar la respiración, y mucha tranquilidad para no gastarse el aire comprimido en una sola inhalación.

Andrés Obregón, director de la Fundación Diving Planet, que operó la expedición de estos ecocolombianos, acompaña el recorrido por los arrecifes de coral de Islas del Rosario.

“Es una oportunidad única para conocer el 70 por ciento del planeta: el océano. Con el uso de los plásticos, se ve un incremento terrible de las muertes de peces y de aves marinas; por eso es importante que los turistas se concienticen de que tenemos que conservar los corales”, asegura.

No todos los ganadores pueden lograrlo por dolores de oído, miedo a la actividad y dificultades para sumergirse más profundamente. Los que lo consiguen, bajan con unas cuerdas amarradas a la lancha, hasta un banco de arena que se convierte en el punto de partida para conocer este ecosistema marino.

Si se quisiera hacer una comparación con la vida humana, los arrecifes coralinos actúan como las viviendas de cientos de especies de peces, que buscan su alimento en estas formas únicas de aguas cálidas y claras.

Tonalidades de azul

La particularidad de sus formas les ha hecho merecedores de algunos de sus nombres: coral de cerebro gigante, de flor, de cacho de venado, de fuego plano, de arbusto de marfil.

Entre las pequeñas cuevas de estas formaciones se escabullen peces de todos los tamaños y colores. De tonalidades azules y fucsias, se ve al pez creola; de rayas blancas y negras, se observa al pez obispo; y de varios matices de azul, se conocen al cirujano azul y al sargento.

A medida que se avanza con el impulso de las aletas, bajo la observación cuidadosa de los instructores, este ecosistema sigue maravillando por su geométrica belleza natural. Pero su valor no es solo un asunto de imagen. Los arrecifes de coral albergan el 25 por ciento de las especies de peces; capturan gran cantidad del dióxido de carbono que los humanos liberamos en nuestra vida diaria, lo que evita que el cambio climático sea más acelerado, y forman barreras que frenan el fuerte oleaje, con lo que se blinda a las playas de la erosión costera.

Observar las líneas circulares de esta fauna inmóvil es un viaje a tiempos remotos. Se estima que los arrecifes de coral se han venido constituyendo desde hace 200 millones de años, según Parques Nacionales Naturales.

El Parque Nacional Natural Corales del Rosario y de San Bernardo alberga la plataforma coralina más extensa del Caribe continental del país con 420 kilómetros cuadrados. Allí se pueden observar 62 especies de corales y 167 de peces, de las cuales 18 están amenazadas.

Y aunque por estar en un área protegida estos ecosistemas gozan de buena salud, de acuerdo con información del Invemar, que desde 1998 hace un monitoreo de los arrecifes de coral, “hay un marcado y progresivo deterioro en las condiciones de salud de las formaciones coralinas del Caribe y el Pacífico”.

Las enfermedades que atacan su frágil tejido, la llegada de especies invasoras que acaban con los peces que allí habitan, la mala calidad del agua y el aumento de la temperatura les causan problemas de blanqueamiento.

Adicionalmente, la contaminación por basuras y plásticos les hace daño, según estudios del Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas, que ha calculado que las pérdidas por esta problemática ascienden a los 13.000 millones de dólares anuales.

La crisis es tal que desde hace años se habla del séptimo continente, que es una isla de toneladas de plástico que se concentra en medio del Pacífico, a unos 1.000 kilómetros de Hawái. Incluso científicos de la Universidad de Leicester, en el Reino Unido, ya afirman que el planeta vive su edad de plástico.

Por esos riesgos visibles es que al final de su exploración, Ana Judith, quien enfrentó sus miedos bajo el agua, aseguró: “Este viaje me enseñó a amar aún más la naturaleza, a no ser tan consumista. En Islas del Rosario vi una naturaleza viva, un mar espectacular, cientos de peces, el manglar verde, un ecosistema en buena salud, y eso es lo que tengo que transmitirle a la gente”.

Camino por el manglar

Clarena Orozco Ramírez creció junto a las playas de Bahía Solano en el Pacífico del país. Por eso, aunque vive hace 10 años en Medellín, no ha dejado de inquietarse por el cuidado del mar y las playas. Ella, especialista en diseño de servicios ecoturísticos, fue otra de las ganadoras del concurso.

Aunque no pudo bajar hasta los arrecifes de coral, sí contempló los otros ecosistemas que forman parte de Islas del Rosario. De camino por la playa de Isla Grande, internándose con dirección norte, alcanza a observar un corredor de madera rodeado por los árboles de mangle.

Estas especies conocidas como los ‘árboles que caminan’ son claves para la captura de carbono y para ser la incubadora de cientos de especies pesqueras, que se protegen de los depredadores entre sus raíces encorvadas y extendidas.

Sentarse bajo las estrellas a mover con cuidado el agua que se enciende en colores azul claro, por su bioluminiscencia, es otro plan infaltable para reconocer a las islas, más allá de lo que el turista ve en la playa.

“Con un granito de arena que aportemos cada uno, podemos lograr grandes cambios. Lo que observamos ahora en el mar es un gran mundo, y por eso vale tanto la pena conservarlo y hacer pequeñas acciones como dejar de usar bolsas plásticas. El cambio empieza por uno… Y de uno a uno vamos sumando”, asegura.

Más información aquí: El Tiempo

Fecha: 3 de junio de 2016

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